Jovenes El Salvador
La situación de crisis de la juventud salvadoreña tiene matices similares en el ámbito nacional. Su diferenciación mayormente se establece por la presión poblacional que se ejerce sobre las áreas urbanas, la cual genera marginación social en general, con el consiguiente incremento de sus necesidades y agravamiento de los problemas sociales. Por ahora, al hacinamiento, la insalubridad ambiental y una creciente pobreza con todas sus consecuencias, se suma el desempleo. Se comenta a continuación las principales situaciones que afectan a la juventud:
1. La urbanización forzada.
Las principales ciudades del país siguen atrayendo la migración de personas tanto jóvenes como adultos, como oportunidad para superar sus limitadas condiciones económicas en el área rural.
El trabajo doméstico, la incorporación a las maquilas textiles, el empleo en los sectores secundarios o terciarios de la economía, la vinculación al sector no formal son algunas de las razones subyacentes en los procesos de urbanización que continúan, aún después de finalizado el conflicto armado.
2. La desintegración familiar.
La migración, especialmente hacía los Estados Unidos, se dio tanto desde el área rural como de la urbana, y su efecto directo fue la desintegración acelerada del grupo familiar; ya sea en el caso de la emigración de los hijos jóvenes por temor al conflicto o de los jefes de hogar. Estos factores incidieron socialmente de forma traumática para los jóvenes que vivieron esa experiencia y significó el debilitamiento de las estructuras de formación y transferencias de valores, así como de los mecanismos sociales familiares de control y regulación. En los últimos cinco años, los salvadoreños siguen emigrando hacia otros países, particularmente a los Estados Unidos, en búsqueda de ingresos económicos que contribuyan al sustento personal y de sus familiares. Aún cuando existan restricciones cada vez mayores para entrar legalmente a los Estados Unidos, muchos salvadoreños están y seguirán corriendo riesgos para llegar a ese país.
3. Violencia social e intrafamiliar
La violencia social, "vista con normalidad' durante el periodo del conflicto, se introyecta y reproduce al interior de la familia, núcleo o célula básica de la sociedad, constituyendo una forma particular de violencia: la violencia intrafamiliar. Esta violencia interna se constituye en uno de los elementos más cotidianos y desintegradores de los núcleos familiares en la actualidad. El conflicto la agudizó. La familia extensa, compuesta por más de dos generaciones (abuelos, nietos, nueras, era la predominante en las sociedades agrarias, como en El Salvador. La estructura familiar extensa era la adecuada para la producción de subsistencia que caracterizaba al agro salvadoreño y, a la vez, se complementaba con los cultivos de agroexportación, al servirle de extenso mercado de mano de obra no calificada. En una sociedad agraria y aldeana, ante la inexistencia de un sistema de seguridad social estatal, la red familiar extensa sirvió de proveedora y sustentadora de cualquier nuevo núcleo familiar, proporcionándole el respaldo socioeconómico y afectivo necesarios para el desarrollo inicial como grupo primario La familia extensa se constituyó en una red de seguridad social, de respaldo y conforte económico y moral, sustentado en lazos de filiación, en un entorno en el que los diferentes núcleos se autoprotegían entre sí, bajo una sola sombrilla de relaciones de filiación.
La violencia familiar se define como "cualquier acto de comisión u omisión, llevada a cabo por miembros de la familia y cualquier condición que resulte de dichos actos que priven a otros miembros de la familia iguales derechos y libertades y/o interfiera con su máximo desarrollo y libertad de elegir'.
La cultura secular del autoritarismo, la concepción patriarcal y jerarquizada ("machista") de subordinación de la mujer y de los hijos, la herencia del conflicto son factores presentes en la violencia intrafamiliar que producen huellas en las personas victimizadas, particularmente la mujer y los hijos. Más allá de los datos estadísticos, este fenómeno es observado en los diferentes estratos sociales. De aquí que si bien es más evidente en los sectores de menos ingresos, también en los niveles con mayor poder adquisitivo y con un alto nivel educativo se constata esta dramática realidad.
Por ejemplo, durante 1999 en El Salvador y según los datos del Instituto de Medicina Legal "Dr. Roberto Masferrer”, las mujeres adultas entre los 20 y los34 años de edad, son las principales lesionadas y casi las tres cuartas partes de mujeres menores de 14 años víctimas de la violencia corresponden a actos de violación, realizados por personas próximas. En general, las acciones de represión o violencia contra los menores como forma de solución de conflictos y de expresiones de autoritarismo parental deforman a las personas y contribuyen a generar, desde una corta edad, una actitud violenta en las relaciones con los demás.
4. La relación entre pobreza y trabajo infantil.
El trabajo infantil peligroso es una de las consecuencias directas de la desintegración familiar y de la pobreza, y uno de los mecanismos e indicadores de exclusión estratégica de los niños en el futuro como ciudadanos, al afectar drásticamente el desarrollo de sus potencialidades. Para el caso de El Salvador, han sido el conflicto y la pobreza los dos factores más importantes de generación del trabajo infantil. El primero, como factor desintegrador del núcleo familiar y generador de orfandad, hogares monoparentales y trabajo servil infantil. La pobreza, acrecentada por el conflicto, se encuentra vinculada a varias condicionantes, tales como el número de hijos de la familia pobre, el nivel educativo de la madre, el acceso al trabajo de las mujeres y el nivel de remuneración.
El número de hijos en una familia pobre es un factor importante que impulsa a tener niños(as, trabajadores(as). Este factor, el número de hijos, a la vez viene fuertemente influenciado por el nivel educativo de la madre en su niñez (cfr. pág. 45 Estado Mundial de la Infancia 1996,. Asimismo, el difícil acceso a empleo de la madre y su bajo nivel de remuneración o de ingreso son factores que inciden directamente en el trabajo infantil como mecanismo de sobrevivencia para complementar el ingreso familiar.
El deterioro en el nivel de vida familiar, por ejemplo, que vivió el país durante el periodo del conflicto, se trató de compensar con una mayor participación de la población menor de 18 años en el mercado laboral. Los niños y niñas han tenido que convertirse en población económicamente activa para ser fuente de ingreso familiar y esto se reflejó, por ejemplo, en la tasa de crecimiento acumulada del 76% para la Población Económicamente Activa (PEA), Infantil en el periodo 85-90. Esta tasa fue superior a la tasa de crecimiento de toda la PEA, (23%), y de la femenina en particular del 26%.
5. La exclusión del sistema educativo.
La exclusión de los jóvenes con respecto al sistema educativo proviene, más por razones económicas y laborales en su grupo familiar que constituyen una insuficiente demanda, que de la propia oferta cuantitativa del sistema educativo. Esta exclusión se concentra actualmente, de forma preponderante, en los jóvenes entre 13 y 18 años, las principales razones podrían deberse a: a) la insuficiencia de los recursos económicos familiares para enfrentar los gastos de estudio, b, la necesidad de trabajar o de atender responsabilidades del hogar y c) el desinterés hacia la educación (calidad de la oferta de educación). Sin embargo, actualmente el Ministerio de Educación se encuentra realizando mejoras a la calidad educativa
El proceso de urbanización y las nuevas demandas económicas laborales se constituyen en un factor de presión en las expectativas hacia el Tercer Ciclo y la Educación Media. En estos niveles, el sistema educativo está respondiendo de forma deficiente. La justa priorización de la inversión educativa en los primeros ciclos, ha dejado pocos recursos para la ampliación de la oferta y disminución de los costos de la Educación Media y el Tercer Ciclo. El mercado laboral formal está demandando un mayor, más flexible y efectivo nivel educativo, que el sistema actual no tiene la capacidad de ofrecer.
6. Las escasas oportunidades en la sociedad civil
La oferta de la sociedad civil hacia los jóvenes es tradicional y con un nivel limitado. En general la población joven no ha sido vista como población poseedora de derechos y como población en si misma. El insuficiente desarrollo de la sociedad civil en su forma de organizaciones primarias, limita las oportunidades y derechos de integración y asociación de los jóvenes en su derecho de desarrollo.
El enfoque en este sentido ha sido tradicional o formal ofreciendo alternativas rígidas a las cuales los jóvenes tienen que integrarse. No se ha buscado responder indagando con los jóvenes nuevas alternativas y formas de respuestas. La escasa oferta de organizaciones de la sociedad civil, producto del conflicto, en tal sentido debe verse también como parte del problema y así como parte de la solución.
7. Respuesta de los jóvenes
Los niños y especialmente los jóvenes no son personas pasivas y establecen respuestas adaptativas al entorno en el cual se desenvuelven. Son personas que requieren espacios para su desarrollo, y al no encontrarlos generan respuestas adaptativas. Ante todos los mecanismos que los excluye, los jóvenes estructuran respuestas adaptativas, positivas o negativas socialmente, pero que les permiten adaptarse a su entorno.
Ante la desintegración familiar o la ausencia de un núcleo primario, el joven tiende a generar un hogar sustituto que le ayude en su proceso de reafirmación. El grupo de amigos o las pandillas o maras, en muchos casos, empiezan a llenar ese vacío. La alta identificación con la mara es porque este grupo le da el espacio de identificación y reafirmación que la sociedad o la familia por su desintegración no le ha podido dar.
Ante lo agresivo del trabajo infantil de la calle, lo niños de la calle, en su exterior asombran por la seguridad con que se desenvuelven, la capacidad de enfrentarse a múltiples problemas. El trabajo infantil riesgoso conforma una conducta de autosuficiencia que solo es lograda anulando atrás etapas de su desarrollo, escondiendo grandes inseguridades afectivas. Asimismo, el continuo sometimiento de los niños y las jóvenes al trabajo doméstico prolongado, provoca como reacción el ensimismamiento, la apatía y la timidez. Si se produce acoso sexual, la respuesta es por lo general la fuga, el rechazo o el menosprecio a sí mismo.
En cuanto al entorno urbano, las reacciones de muchos jóvenes, sumadas a otras causas, es la respuesta agresiva que se traduce en la destrucción de la propiedad comunal, la demarcación territorial (“los barrios”), por parte de pandillas/maras particularmente en el Area Metropolitana de San Salvador (AMSS). Las pandillas y las maras establecen sus propios mecanismos para hacerse sentir y comunicarse por medio de los graffitis (dibujos que encierran mensajes y establecen identificaciones), los códigos manuales (comunicación no verbal), el caliche o argot que pasa a convertirse con sus palabras y giros en una forma particular de expresarse y la forma peculiar de su vestimenta y el tipo de música de su predilección (rap, techo, metálica, etc.)
En el AMSS, se concentra con mayor fuerza, cómo los jóvenes han integrado las maras. Las dos más fuertes son la “mara 18” y la "mara salvatrucha (MS)". Existen otras que también son fuertes. Algunos datos indican que existen al menos unos 50 grupos en el país.
Las actitudes, comportamientos y tendencias del grupo de menores, particularmente los comprendidos entre los 13 y 18 años, expresa la propia incapacidad de la sociedad en su conjunto para establecer mecanismos propios que integren constructivamente a este segmento de la población. La acción de exclusión social a los jóvenes provoca en ellos una reacción y respuestas que constituyen mensajes indicativos de la propia incapacidad social, de constituirles un entorno social integrador y positivo.
8. Perspectiva actual
El contexto actual para los jóvenes, por su carácter excluyente, es frustrante. Por un lado, la falta de recursos económicos de los padres quienes no pueden sostener por largos períodos a sus hijos estudiando, dado los costos de sostenimiento del educando. Las empresas formales, por otra parte, requieren una edad mínima de contratación y la exigencia educativa ha ascendido al grado de bachiller o técnico superior.
Ante esta difícil situación, se produce un estado de limbo de oportunidades para el grupo entre los 13 y 18 años, las alternativas no existen o siempre son deficientes o negativas. Por un lado, las posibilidades de contratación se encuentran en el sector informal, en las actividades laborales más nocivas, en el trabajo temporal e inestable y mal pagado o en el trabajo familiar no remunerado; en el otro lado, la nada, la mara, la vagancia.
La principal oferta que podría constituir la sociedad para este grupo etáreo se convierte, por hoy, en el principal talón de Aquiles del sistema educativo y de una situación social que ofrece pocas oportunidades y posibilidades de forma positiva para realizar sus ambiciones o ilusiones a la población joven.
Inicialmente, losproblemas de exclusión educativa se explicaban, fundamentalmente, a partir de una ausencia de oferta en las zonas más pobres; enfatizaba unilateralmente las causas de ésta, la escasez de la cobertura. La pobreza y la falta de aspiraciones de superación que ello conllevaba se veían como resultado de una escasa oferta. Este énfasis tradicional generó en ciertos organismos internacionales una reacción contraria, a enfatizar las causas de la demanda, a la ausencia de matrícula de educación por parte de la población, por la pobreza proveniente de factores estructurales fundamentalmente económicos. En la actualidad, se reconocen ambos factores, partiendo de que la oferta a la vez genera su propia demanda, en un efecto multiplicador positivo. La oferta de educación se puede convertir en la ruptura del círculo vicioso y la construcción de la espiral o círculo virtuoso.