Excelentísimo Monseñor Francisco Ulloa,
Obispo de la Provincia de Limón, queridas y queridos participantes a este encuentro
de CIMAC - Mesoamérica y CERCA 2003.
¡Buenos días, bienvenidos y bienvenidas!
Nos ha reunido en Costa Rica el interés
por un tema de mucha actualidad: “Escuela incluyente en clave evangelizadora”.
Permítanme que, como preámbulo a la
reflexión de estos días, exponga tres puntos de referencia, dentro de los
cuales debe proceder la reflexión y el estudio:
La globalización y el neo – liberalismo, productores de
exclusión.
La doctrina social de la iglesia como iluminación.
La experiencia de Don Bosco y el Sistema Preventivo, como
modelo de realización, que él dio en su tiempo, no lejano a la realidad que
vivimos hoy.
La globalización como “hecho humano”
Sin negar que se trata de un hecho humano, como lo ha definido Juan Pablo II, y que como tal no es bueno ni malo, puesto que su bondad o su maldad dependen de la finalidad a cuyo servicio se pone, lo cierto es que la globalización, está conduciendo una acumulación de riqueza en algunos pocos (países, grupos sociales individuos) a costa de un empobrecimiento creciente de las mayorías.
Para ilustrarlo bastaría pensar en la escalofriante, escandalosa e inhumana diferencia entre el hombre más rico del mundo (el señor Bill Gates, con una fortuna personal de más de 60.000 millones de dólares) y la persona más pobre del Planeta, esa que no tiene absolutamente nada para vivir.
Por supuesto alcanza dimensiones dramáticas cuando comparamos los países más ricos, llenos de todos los bienes de la globalización (las nuevas tecnologías informáticas y telemáticas, la New Economy, la interpenetración de las culturas y la así llamada “Sociedad de la información”), con países que viven en estado de lucha por la sobrevivencia, allí donde se acumulan todas las secuelas de la pobreza.
Podemos afirmar con toda la razón que lo que se ha obtenido con este modelo social de la globalización, es la globalización de la pobreza.
Neoliberalismo o el rostro in – humano de la
globalización
Es cierto que el mal de la globalización se atribuye a su maridaje con el neoliberalismo, una forma de capitalismo salvaje, que la está convirtiendo en una versión refinada de colonialismo[1], por el que las naciones poderosas llevadas por el afán de lucro, a través del libre mercado, se aprovechan de las naciones débiles haciéndolas cada vez más pobres y dependientes.
Estamos pues ante una globalización en la que la dimensión económica ha acabado por absorber la dimensión cultural, ética, antropológica y política, aquellas que representarían la cara buena de la globalización.
Hoy por hoy la cara de la globalización es inhumana e injusta por la sencilla razón que deshumaniza, llevando a millones de gente a la pérdida de su dignidad humana, al privarlos de las condiciones que les harían tener una vida humana digna.
Como todo tipo de injusticia, la globalización daña a todos: a los que la gobiernan porque los hace inhumanos y a los que la sufren porque los deshumaniza.
Las protestas de organizaciones que luchan contra la globalización, consideradas ya por los sociólogos como el primer gran movimiento de contestación del Siglo XXI[2], dejan ver que la pobreza tiene sus límites y puede revertirse contra quienes la han provocado o exacerbado o permanecido indiferentes e inactivos ante ella[3].
Nada extraño que ante estas reacciones se empiece a hablar ahora del “Rostro humano de la globalización”, convencidos no sólo de que por ahora, no tenemos un sistema mejor sino, sobre todo, de que las protestas, violentas o no, no resuelven nada y que, por consiguiente hay que buscar alternativas. Como afirma el Expresidente de la Comisión Europea, Jacques Delors: “Rebelarse contra el actual desequilibrio internacional es un derecho sacrosanto. Pero rompiendo escaparates no se construye una alternativa. Es tiempo de propuestas”[4] .
Esto es lo que quiere hacer un encuentro como el nuestro y para ello nos puede resultar sugerente la Doctrina Social de la Iglesia que el Papa ha asumido en sus orientaciones al respecto.
Hacia el rostro humano de la globalización
La globalización es un hecho humano que está sometido a los principios de la moral personal y social a fin de legitimarse. Partiendo de la Doctrina Social de la Iglesia, simplemente enumero con un pequeño glosario tres principios:
1.
Globalización
de los Derechos Humanos
Esto significa tomar en serio los derechos de los más débiles de la sociedad y promover una auténtica cultura de la vida ante esta anticultura de la muerte que está imperando.
A la globalización de la economía debe
corresponder la globalización de los derechos humanos.
2.
Globalización
de la solidaridad
El principio arriba enunciado nos lleva necesariamente a contraponer la globalización de la pobreza que está creándose con la globalización de la solidaridad.
Esto significa la preferencia por los excluidos, por los más pobres, por los que no tienen voz y no cuentan más que como estadística para medir el número de excedentes que no pueden integrar el actual orden o desorden económico.
A la globalización de la pobreza debe corresponder la globalización de la solidaridad.
3.
Globalización
de la subsidiaridad
En un mundo que se transforma cada vez
más, al menos en un cierto sentido, en una aldea global, con su tendencia a
homogeneizar culturas y borrar la diversidad, es un imperativo el no hacer de
la globalización una nueva versión del colonialismo.
Todo proceso de integración, como el que favorece la globalización, será realmente benéfico cuando se supere el monocentrismo cultural y económico y se cultive el policentrismo cultural y la distribución de la riqueza.
A la globalización del Centro de poder y
de decisiones corresponde la globalización de la subsidiariedad.
Sobre la base de estos principios, podemos
crear alternativas que hagan más humano el rostro de la globalización.
Es indudable que, a nivel mundial, se
deben hacer reformas estructurales y escribir un nuevo derecho
internacional. Es indudable, con todo,
que los grandes problemas macrocósmicos se van resolviendo en el microcosmos de
nuestra vida y de nuestras obras educativo – pastorales. Es allí donde deben comenzar a gestarse y
crecer las propuestas alternativas.
La familia salesiana tiene en su historia y
en el Sistema Preventivo una grande riqueza, que podemos y debemos capitalizar
para ir dando rostro humano a la globalización.
La respuesta de Don Bosco a la Revolución
Industrial, de fines del Siglo XIX, no consistió en un debate académico sino en
una fantasía pastoral para salir a las calles, acoger a los chicos y jóvenes
que vivían del campo y quedaron expuestos a la explotación, hacer contratos con los patronos que
aseguraban los derechos de estos muchachos y, sobretodo ofrecerles una
experiencia educativa que los habilitara para triunfar en la vida.
Siguiendo este ejemplo luminoso, hoy son
cientos los salesianos, miembros de la familia salesiana, miembros de las
congregaciones religiosas, educadores, pedagogos, psicólogos, voluntarios, que
trabajan a favor de los niños obreros, de los adolescentes soldados, de los
niños utilizados en el turismo sexual, de los chicos de la calle. Una vez más, no son los muchos discursos, ni
las propuestas, aún conservando su valor, la mejor respuesta a la problemática
social.
La genialidad del Sistema Preventivo está
vinculada, en primer lugar a la experiencia espiritual y educativa de Don
Bosco. En efecto, éste tuvo como opción
fundamental la educación de la juventud pobre, abandonada y en peligro.
Quizá el elemento más inmolador consiste
en la centralidad del joven y en el esfuerzo por evitar que caiga en
experiencias negativas, que puedan poner en peligro su salud, su vida, su
realización como persona humana, su felicidad eterna y por hacer que pueda desarrollar
todas las dimensiones, hasta lograr la plenitud y la felicidad en Cristo.
Quizá por eso Don Bosco no se preocupaba
tanto por la regeneración social de los muchachos, cuando por su educación,
buscando tocar los recursos interiores y suscitar energías de bien en cada
joven, incluso en los más frágiles.
Aplicar el Sistema Preventivo en tiempos
de la globalización significa reafirmar la opción, más que nunca actual, a
favor de los jóvenes más pobres, abandonados y en situación de riesgo, que por
desgracia se multiplican cada día como consecuencia del modelo social
imperante.
Implica además, crear un estilo de
relaciones, eso que Don Bosco llamaba “amorevolezza”, entre el educador
y el educando, caracterizado por la bondad y el espíritu de familia, al tiempo
que se prolongue un sistema de valores que permitan al joven adquirir los
elementos necesarios para construir su futuro.
Todo es una concreción del Sistema
Preventivo que, por naturaleza, es una experiencia de solidaridad, dirigida a
formar, con palabras de Don Bosco, “honrados ciudadanos y buenos cristianos”,
esto es, personas activas y responsables, conscientes de su dignidad, capaces
de abrirse a Dios por la fe y al compromiso por el reino a favor de los demás.
Queridos y queridas participantes en esta
reunión, les deseo a todos y a todas éxito en todo el trabajo que se realice,
que la bendición de María Auxiliadora descienda sobre cada uno y sobre todos y
con estas palabras ¡declaro inaugurada la reunión de CIMAC – Mesoamérica y de
CERCA!
P. José Manuel Guijo, S.D.B
(De un mensaje del P. Pascual Chávez)
[1] Ha sido el mismo Juan Pablo II quien ha llamado la atención sobre este peligro: “ La globalización no debe ser una nueva versión del colonialismo” ( Discurso a la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, 27 de abril de 23001).
[2] Es un movimiento que tiene ya si no nombre si etiqueta, pues ha sido bautizado como “el Pueblo Seattle” aludiendo a la grande manifestación de protesta realizada en esa ciudad contra la globalización en una reunión del FMI. Esas protestas se han continuado en Davos en la reunión de la Organización Mundial del Comercio, en Barcelona en la frustrada reunión del Banco Mundial, en Génova en la reunión del Grupo de los Ocho países más ricos del mundo.
[3] Un personaje tan poco sospechoso como el antiguo Presidente del Fondo Monetario Internacional, Michel de Camdessus, declaró: “la pobreza puede hacer5 saltar todo el sistema”.
[4] Semana Internacional. 9 de Junio de 2001.